El vestíbulo donde los huéspedes del hotel aguardarán a registrarse tuvo otra vida. En las ventanillas de madera los cambistas arremangados convertían a pesetas la moneda extranjera. Tras los mostradores de mármol se abrían cuentas bancarias, se ordenaban transferencias o el ingreso de un cheque. En 1944 el Banco Español de Crédito inició la reforma de su sede, instalada en el edificio que había pertenecido a la compañía estadounidense de seguros La Equitativa, inaugurada en 1891. El nuevo patio de operaciones pentagonal, rodeado de capiteles corintios de bronce, se coronó con una vidriera de la casa francesa Maumejean.

Bajo ese cielo acristalado hoy se imparte formación a quienes trabajarán en el Hotel Four Seasons, conformado por 200 habitaciones. La menor de ellas mide 45 metros cuadrados y cuesta 700 euros la noche. La sucursal canadiense del lujo abrirá sus puertas en Madrid el viernes 25. Su inauguración supone la primera fase del Centro Canalejas, un complejo de siete edificios contiguos —dos de ellos declarados Bien de Interés Cultural— unificados en un mismo espacio. El proyecto alberga además una galería comercial de tres plantas, un aparcamiento subterráneo y 22 viviendas exclusivas. Desde que comenzó hace seis años, la reforma se ha teñido de polémica: paralización cautelar de las obras por posibles daños al patrimonio, imputación del arquitecto Carlos Lamela, grietas en tres salas de la vecina Real Academia de San Fernando y unos desperfectos en el túnel del Metro que obligaron a cerrar la línea dos durante cuatro meses.

Los trabajos se reanudaron, Lamela resultó absuelto y la propiedad —OHL y Mohari a partes iguales— tuvo que indemnizar a Metro. Sin embargo, la discusión sobre la ciudad heredada permanece. La Operación Canalejas se puso en marcha cuando el empresario Villar Mir compró en 2012 siete sedes bancarias y financieras. Al año siguiente, la Dirección General de Patrimonio Histórico revocó de manera parcial la protección del antiguo Banco Hispano Americano, Monumento Nacional desde 1999, reduciéndola a su fachada y primera crujía. Algo similar sucedió con el palacio de La Equitativa. Tras las alegaciones de varias asociaciones de arquitectos, en ese segundo caso se garantizó además la conservación del patio de operaciones. El Ayuntamiento de Ana Botella promovió al mismo tiempo un cambio en el Plan General. Hasta entonces, la norma prohibía fusionar entidades arquitectónicas independientes.

Estas variaciones facilitaron el proyecto que Villarmir encargó a Lamela. El estudio que dirige este arquitecto y que lleva su apellido firma la mayor obra del centro de Madrid en décadas. “Se ha creado un gran salón entre la calle Alcalá y la Carrera de San Jerónimo que une la zona de las Cortes con la Puerta del Sol”, explica el director de los trabajos. No solo se construye un hotel cuyas áreas comunes suman más de 4.200 metros cuadrados, sino que el plan otorga mayor espacio al peatón, suprimiendo un carril en las calles aledañas y desplazando las marquesinas de autobús. “La calidad urbanística de la zona estaba muy desmejorada. El Centro Canalejas tiene vocación de coser la ciudad. Ahora se complementará con los nuevos planes del Ayuntamiento para la peatonalización de Sol”, sostiene Lamela. El propio Consistorio reconoce que se trata de “dos intervenciones complementarias”.

“Esta es la actuación más complicada que ha acometido el estudio en sus 70 años de historia. La Terminal T4 del aeropuerto de Barajas no dejaba de ser una gran infraestructura construida desde cero”, agrega el arquitecto. “En Canalejas, en cambio, había que descender tres o cuatro sótanos junto al Metro y aprovechar la preexistencia de unos edificios que han sido alterados muchas veces en la historia. Quedaba poco de lo original y en mal estado”, continúa Lamela. En el complejo, cuenta, se han restaurado cerca de 8.000 metros cuadrados de fachada. Y catalogado unas 16.000 piezas de valor patrimonial —como manillas, vidrieras, relieves o bisagras— para reincorporarse al conjunto después. Destacan las rejerías art decó que custodian la entrada del Banco Zaragozano por la calle Alcalá. Los ornamentos de hierro y bronce se engarzan en este trabajo del maestro orfebre Luis Esteban Ibarra.

Encima, un friso escultórico —obra de Frederic Marès— embellece el acceso a la galería comercial de 15.000 metros cuadrados repartidos en tres plantas. El sótano acogerá a una docena de restaurantes de diferentes nacionalidades, mientras que en las dos alturas superiores el cliente hallará más de 40 firmas de moda. Hermès será la primera en abrir y lo hará en octubre. Una caja fuerte Fichet restaurada de 16 toneladas sirve como acceso directo a la recepción del hotel. Su spa se ubica entre la quinta y la octava planta. Una vez en funcionamiento, el complejo entero empleará a 1.500 personas. Simon Casson, presidente de las operaciones europeas de la marca Four Seasson, dice de este proyecto que “ha tardado años en realizarse, pero valió la pena esperar, pues pronto presentaremos uno de los hoteles más espectaculares de nuestra cartera”.

Esa grandeza queda patente en la suite real, ubicada en el emblemático chaflán de ángulo agudo que mira hacia la calle Alcalá. Una habitación de 400 metros cuadrados con cocina, gimnasio y varios dormitorios. Su biblioteca está situada en la antigua sala privada de los socios del Casino de Madrid, que alquiló durante unos años el entresuelo de La Equitativa. Allí se encontraba también el despacho personal de Mario Conde en sus tiempos al frente de Banesto. No todas las dependencias históricas corrieron la misma suerte. Se ha derruido, por ejemplo, el patio marmóreo de operaciones del Hispano Americano, erigido por el autor del Banco de España de la plaza de Cibeles. “Una cosa es mantener la identidad de la arquitectura y otra cosa es crear una edificación nueva con parches de la antigua”, defiende la arquitecta Amparo Berlinches.

Berlinches preside Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, la asociación que llevó la Operación Canalejas a los tribunales: “Este ha sido el mayor escándalo patrimonial sucedido en la ciudad. La Administración desprotegió los edificios para efectuar un urbanismo a la carta. Se vaciaron y volvieron a construir”, pontifica. Los inmuebles habían sufrido numerosas modificaciones que distorsionaban el diseño original. Pero en una iglesia románica, apostilla, “también se valora la inclusión de un retablo neoclásico o una capilla barroca”. Ella recorrió las siete fincas varias veces junto el subdirector general de Patrimonio. Aquellas inspecciones tenían como objetivo determinar que los trabajos mantenían las fachadas y crujías. Terminada la nueva fisionomía del complejo, Berlinches sospecha que no volverá a entrar más.

 

Fuente: El País / Redacción: Miguel Ezquiaga Fernández